El volcán es el apodo que yo le he puesto al relieve en la Autopista Norte, una falla geológica que provocó el movimiento de placas y por consiguiente el de la carretera debido a la humedad que permeó dichas tierras.
Como resultado tenemos tacos, falta de agua en las casas cercanas, habitantes desvelados por los pitos continuos de los carros atascados en tráfico e incertidumbre entre los que se desplazan en transporte público puesto que éstos no tiene rutas asignadas y escabullen el taco con todos los métodos posibles, así que aquella población pobre, que no tiene carro y que depende de los buses nos toca caminar kilómetros para llegar a un paso fijo del bus necesario.
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Las dimensiones del trancón que produce este volcán son tales que vendedores de galletas, maní confitado y pandequesitos que normalmente están en los peajes se han trasladado al volcán, para aprovechar el hambre y el desespero de los transeúntes y hacerse su agosto.
Definitivamente el tránsito en Medellín es un caos y contrario a la lógica de cualquier paisa, al alejarse de la urbe, los tacos crecen.
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